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Un cronómetro responde a una pregunta distinta que un temporizador: no cuánto tiempo te queda, sino cuánto has tardado. Sirve para medir una vuelta, cronometrar una presentación que estás ensayando o averiguar cuánto lleva de verdad esa tarea que siempre subestimas.
Esa última es para la que más rinde el cronómetro. Mide la misma tarea rutinaria en tres días distintos en lugar de estimarla una vez. Tres medidas forman un rango en vez de una sola impresión, y tú decides con qué extremo del rango cuenta tu agenda.
El botón de vuelta guarda el tiempo del momento sin parar el reloj, que es lo que necesitas cuando mides tramos seguidos: series de entrenamiento, tandas de ejercicios o cada sección de un ensayo. Los tiempos se quedan en pantalla mientras el cronómetro sigue.
Todo ocurre en tu navegador. Nada sube a ningún servidor, no hay cuenta que crear y el cronómetro sigue midiendo con la hora real aunque cambies de pestaña.
No. El cronómetro guarda el instante en que empezó, así que una recarga lo recupera donde estaba en lugar de devolverte a cero.
Las que necesites. Se acumulan en la lista mientras el cronómetro corre y desaparecen al reiniciar.
La pantalla muestra segundos enteros, que es lo que se lee de un vistazo. Para cronometraje de competición hace falta un dispositivo dedicado, no una pestaña del navegador.