LISTO
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Cinco minutos es la medida de una decisión, no de una tarea. Da para vaciar el fregadero, contestar ese mensaje que llevas evitando o aguantar una plancha de la que te vas a arrepentir. La mayoría de la gente lo usa cuando el problema real es empezar: prométete cinco minutos de algo que te da pereza y el temporizador discute por ti.
También es lo que tarda en infusionar un té negro fuerte, el descanso habitual entre series pesadas y más o menos lo que le queda a un ajo en la sartén antes de amargar.
Un consejo que vale los treinta segundos que cuesta leerlo. Cuando usas cinco minutos para arrancar algo, la regla es que puedes parar cuando suene, no que tengas que parar. Casi siempre vas a seguir, porque la resistencia era a empezar y no al trabajo en sí. Y los días en que sí pares, esos cinco minutos ya están hechos.
Dale a iniciar o pulsa la barra espaciadora. La cuenta atrás está anclada al reloj del sistema, así que puedes cambiar de pestaña, bloquear el móvil y volver: seguirá marcando la hora correcta.
Sí. El temporizador guarda el instante exacto en que termina, no cuántas veces ha parpadeado la pantalla, así que una pestaña en segundo plano no lo retrasa. Lo único que se ralentiza es el repintado del título de la pestaña.
Sí. Con el temporizador parado, toca cualquier grupo de dígitos y escribe encima. También puedes añadir un minuto con el botón de al lado. Reiniciar siempre vuelve a 5:00, que es la duración de esta página.
Suena una alarma corta si el sonido está activado. El navegador exige un gesto tuyo antes de dejar sonar nada, así que el audio se desbloquea la primera vez que pulsas iniciar o el botón de sonido.